sábado, 16 de enero de 2016

PELIGROSA "ERA DEL DESENCANTO" CON LA DEMOCRACIA

PANORAMA / DEBATE QUE CRECE 



 Las democracias occidentales están pasando por un momento oscuro, afirma Foreign Policy. Advierte la revista que la crisis económica de 2008 y la débil recuperación que han tenido los países desde entonces, la creciente desigualdad a nivel mundial, la sensación de que los Gobiernos no pueden garantizar seguridad, ha llevado al desencanto, la pérdida de la fe y la desconfianza en las democracias liberales: un fenómeno agudo en Europa, pero que también replica en USA y otros países. 


 La insatisfacción general se basa en la premisa de que los gobiernos no están cumpliendo con su parte del contrato social, afirma Christian Caryl, de la revista Foreign Policy. Para Caryl, la crisis no afecta exclusivamente a las democracias, sino también a los regímenes autoritarios. Tanto las primeras como los segundos están entrando en una “Era de la Desilusión.”

 “Un período en que los ciudadanos, en todos los sistemas políticos, se sienten cada vez más decepcionados y abandonados”, explica Caryl. ¿Cuál de los 2 sistemas políticos estará a la altura de las circunstancias? De ello depende el triunfo de uno sobre otro en los próximos años.

 “LA DEMOCRACIA TRADICIONAL ESTÁ EN CRISIS”

 La raíz de esta pérdida de confianza es la percepción de que cada vez se ensancha más la brecha de la desigualdad, según la revista estadounidense. El ex presidente de Polonia –uno de los países que más comprometida tiene su democracia-,Aleksander Kwasniewski, dijo: “Esto está pasando en los países a través de toda Europa. Es un problema de la democracia en general. La democracia tradicional está en crisis.”

 Tanto en Polonia como en Hungría, los Gobiernos promueven reformas para ejercer un mayor control estatal. Recientemente, “siguiendo el ejemplo del 1er. ministro húngaro, Viktor Orbán, y su Partido Fidesz, el nuevo Gobierno polaco, liderado por el Partido de la Ley y la Justicia –nacionalista y populista- ha lanzado asaltos contra el sistema judicial del país y los medios públicos, poniendo a la democracia polaca y el Estado de derecho en riesgo”, explicó, por su parte, Foreign Affairs.

 Para la revista, la culpa de que esto esté sucediendo es de la Unión Europea, organismo que con las democracias en crisis, está viendo seriamente lastimada su legitimidad. La UE no actuó ni sancionó a Hungría en los últimos 5 años, en que su presidente Viktor Orbán y su Partido Fidesz hicieron descender al país al autoritarismo “en las narices de la UE”.

 Por esa falta de reacción del organismo, hoy el Gobierno polaco, así como otros autoritarios de la región, sienten que tienen peaje libre para avasallar las instituciones democráticas.

 Según el periódico digital El Español, que dirige Pedro J. Ramirez, Hungría y Polonia conforman “un nuevo eje euroescéptico y nacionalista” que se “abre paso en la Unión Europea y ha desatado todas las alarmas en Bruselas.”

 Orbán en Hungría aboga por intensificar los controles de la frontera “para mantener a Europa cristiana” y prometió transformar la democracia húngara en un “estado no liberal”, explica Foreign Policy.

 En Polonia, el Gobierno decidió remover la bandera de la Unión Europea de los actos públicos. Cuando hubo acusaciones contra el Gobierno por el arrollamiento de las instituciones democráticas, Jaroslaw Kaczynski, líder del partido gobernante, llamó a los manifestantes “polacos de la peor calaña” y los acusó de traición.

 Tanto el Gobierno de Orbán como el de Ley y Justicia “consideran que los intereses de la gente normal han sido marginados o ignorados por las élites liberales” y “tienen un programa de renovación y limpieza de las instituciones públicas de gente que, según ellos, no sirve a los intereses nacionales”, explicó a El Español, Pawel Swidlicki, del think tank Open Europe.

 LA “ERA DEL DESENCANTO” CRECE

 Pero no sólo Polonia y Hungría ven tendencias autoritarias cristalizarse. En el Reino Unido, el año pasado, un populista de izquierda, llamado Jeremy Corbyn, sorprendió a todos ascendiendo al liderazgo del Partido Laborista. En Francia, la líder del otrora marginal Frente Nacional, Marine Le Pen, es la más probable próxima Presidenta.

En USA, Donald Trump está hábilmente manipulando el descontento creciente en Estados Unidos. En España y Grecia, movimientos y partidos nuevos se manifiestan contra el orden establecido. Para José García Domínguez, en España “el desencanto popular con la democracia no para de crecer.”

Si bien la ira de los “desencantados” del mundo se dirige a veces hacia los inmigrantes y otros grupos marginales, también son destinatarios de esta bronca los miembros del establishment político. La causa de la desilusión es económica: la creciente desigualdad de ingresos, explica Foreign Policy. La revista considera, de todos modos, que la “era del desencanto” se extiende también a los autócratas. 

“La extraordinaria turbulencia financiera en China sugiere que Beijing no ha descubierto la llave secreta al despotismo benigno, después de todo. La corrupción manifiesta y la disfunción en el corazón del establishment político ruso, se están volviendo cada vez más difíciles de explicar para el Kremlin”, aduce la revista.

 “Rusia recientemente aprobó una ley que permite a las fuerzas de seguridad abrir fuego contra las masas, lo que te dice mucho sobre lo que el Gobierno espera a futuro”, agrega. “El Estado moderno, escribe Zygmunt Bauman en su más reciente libro, sustentó su legitimidad, ya huérfana del aval de cualquier dios, en la promesa de ofrecer seguridad a la población sometida a su autoridad. Seguridad entendida en el sentido amplio que va más allá de lo meramente físico, que abarca también los planos político y psicológico. Esa era la cláusula N°1 del contrato social implícito que la Gran Recesión está haciendo papel mojado cada instante que pasa”, escribió García Domínguez en el portal español Libertad Digital. El atractivo de los discursos maniqueos Según el director adjunto de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Francisco de Borja Lasheras, “las narrativas maniqueas están más de moda que nunca”.

El mundo se está dejando seducir por los fanatismos populistas. “Las ideas y dogmas políticos infalibles nos dan, además, algo en lo que creer, cuando parece que ya no quedan doseles sagrados, se tambalean las instituciones comunes y el liderazgo convencional no tiene credibilidad”, escribió en el periódico español El Mundo.

“Este regreso del maniqueísmo ideológico y del discurso polarizador, tanto en política doméstica como exterior, tiene muchos peros y sombras.” En Grecia, ejemplifica Lasheras, basta analizar la retórica y el lenguaje con que se ha manejadoSyriza en torno al referéndum de Alexis Tspiras.

“Es la narrativa de víctima y verdugo, de la épica de los débiles (y buenos) contra los fuertes (y malos).” Los partidarios de Syriza han presentado la cuestión del referéndum en términos absolutos, como un choque entre la democracia y el pueblo griego (aquí, se entiende, representativo de todos los demás) contra “la anti-democrática y opresora Europa de la troika”, describió Lasheras en el periódico español.

 “En el fondo, asistimos a un singular choque de democracias europeas, con sus distintas culturas políticas. Un choque que siempre ha estado latente en el proyecto europeo, incluso en su etapa dorada, pero que hoy ha resurgido con la crisis, que amenaza con la fragmentación política de Europa.”

La Unión Europea, es otra víctima potencial de la “era del desencanto”. Si todo lo establecido e institucionalizado está siendo puesto en cuestión, el organismo no es la excepción. Enfrenta desafíos serios: la salida potencial de Gran Bretaña de la Unión Europea -una encuesta reciente demostró que la mayoría de los británicos optan por salir-, la llegada de miles de refugiados e inmigrantes al continente, y la crisis del euro.

 “Es difícil recordar un momento en el que el sueño acariciado por los padres fundadores de la alianza europea hace 70 años haya enfrentado tantos retos”, explicó John Humphrys en el portal de la BBC.

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