miércoles, 26 de agosto de 2015

TUCUMÁN: LA RESTAURACIÓN NEOCONSERVADORA KIRCHNERISTA

CLAVES / OPINIÓN 


 por ALPHONSE DE LUXEMBURGO 

 CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). La multitudinaria exhibición de disparates que gatilló en distintos estamentos de la política institucionalizada la violencia que el lunes 24/08 copó la plaza principal de San Miguel de Tucumán tuvo la rara virtud de exponer, impúdicamente, muchos de los vicios de la política y sus manipulaciones, lo que de paso aleja cada vez más al candidato oficialista Daniel Scioli de la sucesión de CFK en el icónico sillón de Bernardino Rivadavia, ya que los "independientes" a quienes tendría que seducir se distancian de la prepotencia que el postulante avaló.



 La torpeza demostrada sólo se aproxima a una comedia de enredos pero con raíces más profundas y serias. Cuando Scioli respaldó a Juan Manzur como candidato oficialista ganador y le exigió a Mauricio Macri que reconociera ese "triunfo" tucumano del Frente para la Victoria, dejó bien explicitado que él buscaba el aval de su principal contendiente para sacralizar las prácticas perversas de esos comicios: quema de urnas, inserción inicial de votos oficialistas en otras urnas antes del inicio de la votación, secuestro de urnas a punta de pistola, furiosas golpizas a camarógrafos y gendarmes que se opusieron a la invasión del acto electoral, alteración de los telegramas informando al comando electoral sobre el resultado de las mesas de votación, alquiler de documentos de identidad votantes a cambio de billetes de $100 y, entre muchas otras trampas, la desembozada repartija de bolsones de mercaderías o electrodomésticos el mismo día del comicio, a cambio del voto al partido oficia lista de Scioli-Manzur.

 El retroceso a la "Década Infame" (1930-1943), también denominada "Restauración Neoconservadora", es evidente: "Cuarto oscuro con matones, sobres ya cerrados, expulsión de fiscales de la oposición, votos marcados, urnas llenas, robo de libretas, desaparición de urnas, entrega de listas antes de emitir el voto conjuntamente con promesas y amenazas, conteo de las papeletas del cuarto oscuro cada vez que entraba un votante, utilización de documentos de identidad de personas ya muertas o falsos", condensa las prácticas fraudulentas de entonces que coinciden nuevamente con estos días del siglo XXI, según un recomendable artículo de Pablo Rodríguez Leirado sobre fraudes electorales en la historia argentina en su "Sitio al margen".

 Pero la "Restauración Neoconservadora Kirchnerista" -camuflada de un progresismo fraudulento- se sistematizó con la informática a un nivel nacional más elevado, tal como lo describió el autor del libro "Espiados", Claudio Savoia.

 Las contradicciones del episodio tucumano se acumulan. En tanto que el director electoral nacional, Alejandro Tullio, aseveró que la quema de urnas no configura un fraude (el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo desconocer el violento incidente porque él estaba durmiendo), la Junta Electoral de esa provincia descartó la realización de una nueva elección a pesar de las objetivas demostraciones y testimonios sobre fraudes.

Curiosamente, sobre eso último también Mauricio Macri estuvo de acuerdo. ¿Debería votarse de nuevo? Si se considera que la entrega de dádivas a cambio del voto fue generalizado en Tucumán antes y durante los comicios del domingo 23/08, la votación está viciada de nulidad porque muchos sufragantes no lo hicieron siquiera en el secreto consagrado por la Ley Sáenz Peña.

 El incendio de un manojo de urnas o un camarógrafo atacado salvajemente son hechos anecdóticos, después de todo, pero el condicionamiento del voto (canje de bolsones de comida por un voto o al menos un documento para que otro vote) invalida el acto comicial por completo, a causa de la generalización de la práctica.

 ¿Qué sucedería si se dispusiese la anulación de la votación pasada? En ese caso, el enorme costo de tales dádivas o compra de sufragios constituiría una gran pérdida económica para quienes hayan financiado ese procedimiento ilegal.

Debe suponerse que, entonces, el dinero del FPV-Alperovich habría sido en vano y arrojado a la basura. El inicio reciente de esta trama escandalosa de la votación, aumentada por el desparpajo del kirchnerismo, proviene de la reforma constitucional de 1994, expresión del Pacto de Olivos II entre Raúl Alfonsín y Carlos Saúl Menem, quienes buscaron en esa época consagrar el bipartidismo a ultranza.

 Así, el sistema democrático argentino devino en la actual plataforma que habilita el fraude como ley, con lo que corroe los pilares del sistema mismo, en lugar de fortalecerlo.

 Parece estar produciéndose hoy día un cambio: una parte de los votantes -otra vez, los mal denominados indecisos, que pertenecen a la clase media- ahora se alarma por lo que toleró o ignoró durante décadas, antes y después de aquella reforma de 1994, que creó el actual sistema de Partidos Políticos.

 Las clases sociales de menor capacidad socioeconómica y nivel cultural, con menor instrucción, suelen estar más predispuestas a ceder libertad a cambio de bienestar, pero las clases medias por mucho tiempo canjearon su silencio por bienestar.

Como ahora se desvanece en el déficit fiscal y la recesión la promesa de bienestar, el aparente pacto tácito determina que el silencio ya no signifique entregar porciones de libertad a un gobierno o un candidato, para que éstos puedan dirimir el futuro en las bambalinas de la corrupción y el enriquecimiento ilícito.

 La tragedia tucumana de la víspera propone releer a Mahatma Ghandi cuando él decía que "la violencia es el miedo a los ideales de los demás”, sólo que "los demás" serían hoy casi toda la sociedad.

En definitiva, el viejo régimen -feudal y discrecional- defiende con uñas y dientes un esquema de funcionamiento que ha sido puesto en tela de juicio. Hay indicios, ahora, de que la historia podría disponerse a cambiar.

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