miércoles, 2 de septiembre de 2015

OLMEDO, PORCEL, BORGES Y JUAN MOREYRA: REÍR PARA NO LLORAR

SOCIEDAD / NOTA DE OPINIÓN 


Por RAÚL ACOSTA 

 ROSARIO. El esquicio de Olmedo y Porcel sobre las elecciones reapareció (incluye como "votante" a Ricutti, el inefable personaje, tan atropellado y tartamudo que, burlándose de si mismo logró, de/con su defecto construir un muñeco). 



 La frase clave: "…usted ya votó" en rigor pertenece a una obra anterior, cuando las denuncias de fraude eran parte de las denuncias del teatro, de la dramaturgia, sobre una Década Infame y el "fraude patriótico", eufemismo para decir que se salvaba a "la Patria" trampeando el voto, cuando en rigor se conservaban privilegios.

Están vivos algunos de aquellos personajes.

 Los actores políticos reales. Sí. Están vivos.

 Ahora "tenemos Patria" y la conservamos mediante bolsones patrióticos, analfabetismo, hambre, dependencia cultural (también patriótica) burocracia partidaria y rescribiendo la historia a partir del peculado, el enriquecimiento ilícito, el soborno, la trampa, el miedo, el chantaje, el carpetazo y la Justicia, tan dependiente como antes.

 Cambiamos Juan Moreyra, Francisco Real ("El Corralero") y Ecuménico López, el hijo de "Doña Natividad" por Escobar Gaviria, la efedrina, los contratos de obra pública y la "ingeniería económica". Juan Moreyra, vago y mal entretenido, estaba situado en el siglo XXI.

 Jorge Luis Borges escribe y pública el cuento sobre Francisco Real en 1927 y Samuel Eichelbaum consigue que Armando Discépolo estrene "Un guapo" en 1940.

En 1952 Lucas Demare, en el '60 Leopoldo Torre Nilsson y en el '71 Lautaro Murúa conciben tres versiones de Ecuménico.

El guapo, acompañando al caudillito político, es un clásico de cualquier esquicio sobre el fraude, los atropellos y el populismo.

 El "pata'e plomo", el "patovica" y los guardaespaldas no son otra cosa que distintos nombres de un mismo argumento, una misma obra. Menor fidelidad, mejor paga. Ay, también una misma realidad.

El político, la autoridad y el atropello al civismo. Debemos usar la cinta de Moebius para entender que el rostro de Ecuménico que más se nos ha grabado es el de Alfredo Alcón.

 Cuando Porcel y Olmedo remedan el día de la votación, la mesa y la urna y repiten el… "usted ya votó" todos nos reímos porque ¿qué otra cosa se puede hacer con dos capocómicos tomando en broma aquellas denuncias, muy dramáticas, de un país donde las elecciones eran una farsa? Solo reírnos.

 En rigor como dice la canción: reímos por no llorar. La capacidad de queja, convertida en cacerola y/o piquete, no da para más. Tal vez deberíamos advertir que no nos da el cuero para llorar, para el diván o para la rebelión. Nada. Ahora 12 cuotas. Sólo eso.

 El "cul de sac" aparece con toda su crueldad si pensamos quien podría sacarnos del atolladero que el oficialismo ha implementado en el fondo del conurbano bonaerense, del Gran Rosario, Gran Córdoba, Gran Mendoza.

Y más dramático si fijamos la esperanza en las provincias inviables, como Formosa, Chaco, y la angustia final: los señores feudales, dueños de vida y hacienda, como Alperovich, Fellner, Gioja, Insfran, Capitanich (y siguen las firmas, incluidos los barones del conurbano).

 Argentina, en 2015, aparenta ser peor que aquella de Juan Moreyra, un vago y mal entretenido; Francisco Real, "el corralero", y Ecuménico López, el guapo del 900.

¿La línea media de Morales, Sanz y Aguad podrá salvarnos? ¿Es Macri y su gerenciamiento? ¿Aquel fantasma de Binner devenido en Margarita…? ¿Lilita? ¿Sergio Massa y Lousteau, tan yupies como Boudou, Larroque y Kicillof, traerán la salvación en la tablet? ¿Es el discurso de barra brava de Aníbal Fernández con la sonrisa de Scioli?

En estos nombres está todo el futuro del país. No más. No mucho más.

 No hemos podido revisar el sistema electoral porque no sabemos qué hacer con nuestras bases, que son la educación, la salud, la justicia independiente, el trabajo digno y el plan para un Estado de bienestar, un país en desarrollo o, si quieren, libre, justo y soberano. Estos últimos atributos merecían un esquicio del algún nuevo Olmedo.

 Definición uno: del latín "fraus", un fraude es una acción que resulta contraria a la verdad y a la rectitud. El fraude se comete en perjuicio contra otra persona o contra una organización (como el Estado o una empresa).

 Definición dos: el acto conocido como fraude es aquel en el cual una persona, una institución o una entidad proceden de manera ilegal o incorrecta según los parámetros establecidos con el objetivo de obtener algún beneficio económico o político.

 No hace falta un libraco muy grande ni una explicación mucho más extensa. Si no hay libertad de enseñar y obligación de aprender, instrucción, salud para todos, trabajo en blanco y bien remunerado, si no hay justicia independiente y mecanismos que nos preserven de guapos, abusos policiales, peculado, coimas, negociados, enriquecimiento ilícito, soborno, reino de la droga y la inseguridad, estamos contrarios a los ideales que estas cuestiones representan.

 En la nación, la provincia y la ciudad no hay quien nos resguarde del fraude. Solo nosotros, tomando en serio a Olmedo y Porcel. Leyendo bien a Borges y Eichelbaum.

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