martes, 10 de abril de 2012

INTERNACIONALES

Todos contra Suleiman



Omar Suleiman, candidato testimonial en Egipto.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La joven democracia de Egipto se encuentra aún en un limbo tras tantos años de dictadura. Tanto así que las primeras elecciones “libres” ya se encuentran judicializadas.  Se sabe, el objetivo es evitar dar un paso para atrás.
 
Un tribunal egipcio ha admitido a trámite una demanda para evitar que Omar Suleiman, antiguo jefe de los servicios secretos del régimen de Hosni Mubarak, sea candidato en las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta se celebrará los días 23 y 24 de mayo. Esta demanda se suma a otras 2 ya presentadas ante la fiscalía, según informaron fuentes judiciales. La sesión de apertura del juicio por la primera demanda se celebró ayer (9/04) en El Cairo. 
 
El caso afecta también a Ahmed Shafiq, ex primer ministro de Mubarak, quien también se postula para el cargo de presidente, aunque ya ha manifestado su intención de retirarse en favor de Suleiman. 
 
Además, la Comisión de Propuestas y Quejas de la Asamblea Popular (Cámara baja del Parlamento, que dominan los islamistas) aprobó una enmienda a la ley de las Elecciones Presidenciales que impide presentarse a quien haya ocupado un alto cargo público en los 5 últimos años del régimen de Mubarak. Esta modificación supone la eliminación efectiva de Suleiman, que fue nombrado vicepresidente por Mubarak pocos días antes de su derrocamiento. Sin embargo, sí podrá presentarse el antiguo ministro de Asuntos Exteriores y ex secretario general de la Liga Árabe Amro Musa. 
 
En concreto, quienes hayan ocupado cargos de responsabilidad en el Gobierno, en la oficina del presidente, en el aparato de seguridad, en el Parlamento o en el partido único de Mubarak durante los 5 últimos años del régimen están inhabilitados durante 10 años para ocupar los cargos de presidente, vicepresidente, primer ministro y ministro. 
 
La enmienda fue propuesta por Essam Sultan, vicepresidente de la formación islamista moderada Partido Wasat, durante la sesión del domingo y aprobada ayer por unanimidad en la Comisión de Propuestas y Quejas de la Asamblea Popular. 
 
Suleiman denunció en una entrevista publicada ayer (9/04) en el diario “Al Akhbar” que tras presentar su candidatura a las elecciones presidenciales ha recibido amenazas de muerte de Hermanos Musulmanes y otros grupos islamistas. 
 
Suleiman también se ha referido a las críticas que ha recibido de Hermanos Musulmanes y de la Unión de la Juventud Revolucionaria, que aglutina a los grupos que se han manifestado estos meses en El Cairo para pedir reformas democráticas, que han considerado que su candidatura es un "insulto" a la Revolución al considerar que trata de restaurar el régimen de Mubarak.
 
"No se puede dar marcha atrás. La Revolución ha formado una nueva realidad y nadie podría reavivar un régimen que ha fallado y que ha sido rechazado por el pueblo", ha aseverado. "Tengo que decirle a la juventud egipcia y a muchos otros con los que me he reunido durante estos meses que estoy a favor de sus legítimas demandas", ha subrayado.
 
En este sentido, al igual que la mayoría de los candidatos presidenciales, Suleiman ha prometido restaurar la seguridad, impulsar la economía y respetar los acuerdos internacionales. "Egipto siempre será un Estado democrático donde sus hijos disfruten plenamente de sus derechos", ha afirmado.
 
Además, ha apuntado que, de ganar las elecciones presidenciales, no interferirá en los juicios que se están celebrando contra los miembros del régimen de Mubarak y de las fuerzas de seguridad por la muerte de 800 manifestantes durante la represión de las protestas antigubernamentales y por corrupción.
 
Interrogado sobre los motivos que le han empujado a concurrir a los comicios, Suleiman ha explicado que ha tomado esta decisión porque cree que desde las elecciones legislativas, que dieron la victoria a Hermanos Musulmanes, la popularidad del grupo islamista se ha reducido por "su determinación a monopolizar el poder".
 
En cuanto a los sondeos, es Musa el mejor posicionado, con un 30,7% de apoyo. Tras él se sitúa, según el diario “Al Ahram”, el salafista Hazem Salah Abu Ismail, con el 28,8%. En quinto lugar, con un discreto, 8,2% de respaldo, se coloca Suleiman.
 
¿Será presidente de la República de Egipto el último y casi eterno jefe de los servicios secretos del presidente Mubarak, depuesto por la revolución popular de hace un año largo? Los poderosos Hermanos Musulmanes han anunciado que “desencadenarán otra revolución” si Omar Suleiman es elegido.
 
La amenaza no debe ser tomada muy en serio porque el interesado no recibirá el apoyo suficiente y, en realidad, su presencia allí es un episodio destinado a agitar el status quo, apuntar a algunos sectores del antiguo oficialismo que se reciclan ahora, complicarle las cosas a ciertos candidatos laicos y moderados, con o sin vínculos con el viejo régimen y, en fin, probar que al mubarakismo le quedan defensores.
 
Todo esto ha sucedido en medio de cierto caos de origen legal y administrativo que ha animado las horas, los minutos incluso, que precedieron al cierre del plazo para que los ciudadanos egipcios pudieran el domingo presentar los documentos exigidos para optar a la presidencia de la República.
 
Las precauciones tácticas lógicas y el debate interno en los partidos partían todas de la curiosa decisión inicial del gran bloque en el parlamento, en la Comisión de la reforma constitucional y en la sociedad: los Hermanos Musulmanes, su brazo electoral, el “Partido de la Libertad y la Justicia”, no presentarían candidato a la presidencia.
 
La decisión no fue una sorpresa para los círculos iniciados. Egipcios informados dijeron en su día que la Hermandad esperaría a cuantificar su esperado éxito en las elecciones legislativas para ver qué haría con la elección presidencial y en cuanto quedó claro el gran triunfo de su formación electoral, “Partido de la Libertad y la Justicia”, (225 diputados de 508) renunciaron.
 
La noticia fue interpretada como un mensaje balsámico destinado a la opinión, egipcia e internacional: el islamismo no quiere todo el poder, prefiere una coexistencia armoniosa y estudiará apoyar a un candidato de eventual consenso. 
 
Todo muy prolijo pero con una previsión táctica (crear un régimen parlamentario, donde el gobierno será el centro del poder y, por tanto, se podía renunciar a la jefatura del Estado, que sería más ceremonial) y una sorpresa que no pudieron prever: el auge imparable de otro islamista, mucho más radical y presentado por los salafíes de al-Nur, Hazem Abu Ismail.
 
Los salafíes habían sido la gran sorpresa de las legislativas (125 diputados) y sumados a la mayoría de los Hermanos ofrecían un panorama de islamismo social sin parangón en el mundo árabe. Y aún quedaba por ver el éxito popular de su candidato presidencial, Hazem Abu Ismail, un ex-Hermano que emigró a un islam político más severo y de puro origen en la sharía (ley islámica). Erudito distinguido, irreprochable en su vida personal y gran orador, el candidato recorrió el país con gran éxito aunque no es seguro que pueda concurrir finalmente porque debe probar que su madre no era ciudadana extranjera, lo que invalidaría legalmente su candidatura.
 
Así las cosas, los Hermanos cambiaron de opinión y presentaron un candidato, su número dos – y para algunos su cerebro táctico y estratégico – Jairat el-Shater, un millonario amenazado ahora, otra sorpresa, con no poder competir porque no ha transcurrido el tiempo preciso entre su salida de prisión (donde fue encerrado por los tribunales políticos del viejo régimen en cuanto que opositor) y su presentación.
 
Lo mismo le ocurría a otro candidato, liberal éste, Ayman Nur, pero el gobierno militar interino, juiciosamente, limpió su prontuario y le restituyó en sus derechos políticos. Lo mismo podría hacer con el-Shater. Pero, por si acaso, la Hermandad ha tomado precauciones y presentado otro candidato, nada menos que el líder del Partido, Mohamed Murzi.
 
En este maremoto, del que solo queda claro del todo que el islamismo político ha barrido en las legislativas ¿quién o qué representa al “mukabarismo”? Había apuestas varias y tentativas diversas matizando mucho las opciones disponibles. Por ejemplo ¿tenía que ver con Mubarak alguien como Amr Mussa, quien fue su ministro de Asuntos Exteriores durante 10 años? ¿O Ahmed Shafik, quien lo fue de Aviación Civil y, efímeramente, primer ministro en las últimas semanas?
 
Teóricamente es imposible negarlo, pero la gente distingue bien. Mussa, por ejemplo, tiene buena imagen, de patriota moderado, buen servidor público y alejado de los sótanos del régimen, la corrupción o la represión policial. Shafik, algo parecido, aunque con muy poco peso real. Sus diputados, un par de docenas contando generosamente, han sido elegidos como independientes o encabezando a título personal una sigla cualquiera creada para la ocasión.
 
Pero eso no sirve para la elección presidencial y alguien pensó en un gran golpe: Omar Suleiman, quien dijo que rechazaba el honor pero se dejó convencer y en el último minuto y rodeado de una multitud fervorosa, apareció con bastantes más del mínimo de las 30.000 firmas legalmente requeridas.
 
Muchas agencias, para resumir, han escrito que “el ex-espía de Mubarak” se presenta, pero la fórmula no le hace honor. Suleiman, de 75 años, es en verdad un caso único. Fue jefe de los Servicios de Inteligencia, pero técnicamente entendidos como la gestión de la política de seguridad del país, un teórico de la geopolítica y un “Kissinger” de Mubarak, no el jefe de los guardias… y fue sucesor oficial de Mubarak un par de días finales y, desde luego, es el albacea político del Tratado de Paz con Israel…
 
Eso explica, entre otras cosas, que alguno de sus amigos israelíes, como el ex-ministro de Defensa general Ben Eliezer (quien, por cierto, se equivocó del todo al predecir el fracaso de la revuelta en Egipto porque su aparato de seguridad la controlaría) se feliciten de su vuelta al ruedo lo que le hace un flaco favor porque el Tratado es sumamente impopular.
 
Y así están las cosas, pendientes de las decisiones finales de la Autoridad Electoral, que el 26 de este mes dirá quién puede y quien no concurrir. Lo cierto es que lo de Suleimán ha añadido morbo en gran cantidad y que, con varios candidatos islamistas una segunda vuelta está casi garantizada. Los Hermanos, o su caballo final en la carrera, deberán esperar a la segunda vuelta.

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