jueves, 12 de abril de 2012

NOTA DE OPINIÓN

Editorial del Herald: "¿Cámpora vs Cámpora?"



La Cámpora, sin Héctor José Cámpora.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Buenos Aires Herald).- La renuncia del procurador general de la Nación Esteban Righi tiene implicancias institucionales potencialmente profundas para la independencia de la Justicia, especialmente de los fiscales.

Pero también nos presenta una paradoja política suprema: un ministro clave durante la presidencia de Héctor Cámpora en 1973 fue expulsado de los pasillos del poder en el momento preciso en el que la agrupación juvenil ultraoficialista de La Cámpora, cuyo nombre glorifica aquel período, parece estar más fuerte que nunca.

El silencio de La Cámpora sobre la destitución del ex ministro de Interior de Cámpora podría sugerir que se opta en términos más generacionales que ideológicos al no defender al veterano peronista de 64 años, pero tal vez su actitud sea aún más reveladora del objeto supremo de sus lealtades: la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

¿Habrá que agregar a Righi a la lista creciente de hombres de confianza del difunto presidente Néstor Kirchner que están siendo discretamente desechados mientras su viuda deshace con disimulo gran parte de su trabajo, para mejor o para peor?

Dos de los últimos ejemplos forman parte de esa estrategia: los dividendos de YPF y la Carta Orgánica del Banco Central.

La remoción de Righi nos recuerda la caída de otra figura emblemática de la etapa montonera del peronismo cuatro décadas atrás, la del ex canciller Jorge Taiana, destituido a mediados de 2010, supuestamente por filtrar información al demonizado grupo Clarín sobre la disputa con Uruguay por la pastera.

Parece que el pedigrí de Righi como peronista de los viejos tiempos y su comprobada lealtad no bastaron para protegerlo de cierto resentimiento presidencial por no ejercer un control más estricto o guardar silencio cuando se trataba de mantener a raya a los fiscales o negarle a la prensa la información judicial, respectivamente.

Dado que la lealtad de Righi incluyó en su momento la defensa del matrimonio presidencial, de los ministros Julio de Vido y Carlos Tomada, y hasta del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, Righi también podía ser el clásico “hombre que sabía demasiado” (por más que ésta sería también una razón para preservarlo).

Todo esto podría hacer parecer ahora a Righi como una especie de mártir, aunque cargue con más pecados de juventud que la mayoría.

Como ministro de Interior en 1973, redefinió a todos los terroristas encarcelados como “presos políticos” y les concedió la amnistía; si aquellos miembros de las fuerzas de seguridad que luchaban contra el terrorismo en el marco de la ley quedaron, en consecuencia, como tontos a los ojos de sus colegas más brutales, Righi debería compartir la culpa por ello.

Mientras CFK sigue rejuveneciendo su gobierno (que no es tan nuevo como sugieren algunos formadores de opinión; ¿recuerdan La Coordinadora bajo Raúl Alfonsín?)…

¿Será posible que casi medio siglo después del nacimiento del “peronismo sin Perón”, estemos viendo el advenimiento de “La Cámpora sin Cámpora”?

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