sábado, 9 de julio de 2016

LA MISA CRIOLLA Y EL HIMNO SONARON EN LA CATEDRAL DE NOTRE-DAME POR EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

MUNDO / BICENTENARIO INDEPENDENCIA 



PARÍS.- La Argentina como crisol de hombres, generosa, abierta, capaz de recibir en su seno a todos aquellos que llegaron a construirla con buena voluntad. Cualquiera sea su origen, su raza o su religión... 


Ese fue el mensaje omnipresente de la emotiva ceremonia de conmemoración del Bicentenario de la Independencia, organizada hoy en la catedral Nôtre-Dame de París por la embajada argentina en Francia.

¿Mil? Tal vez hasta 1200 personas -entre ellos numerosos turistas de paso- llenaron las naves de esa joya de la arquitectura gótica del siglo XI para asistir al oficio religioso, puesto bajo la invocación de la virgen de Luján y celebrado por un argentino, monseñor Rubén Ruiz Mainardi.

A pesar de que Francia se encuentra en pleno período de vacaciones estivales, gran parte de la colectividad argentina asistió a la celebración, que comenzó a las 10 (hora local).

El gobierno francés estuvo representado por responsables del departamento de Culto del ministerio del Interior. Primer consejero de la Nunciatura Apostólica en Francia, Mainardi recordó en su sermón la necesidad de asociar a Dios a todos los actos y decisiones de la vida, así como lo hicieron los próceres de 1816, "que asistieron antes a misa para implorar sus luces y su guía", dijo.

Y que no olvidaron de incluir "la invocación del Eterno en el preámbulo de la declaración", insistió. Sobrio y cálido, iluminado por los rayos del sol que se filtraban desde las dos sublimes rosáceas que ornan cada uno de los brazos del transepto, el oficio adquirió una intensidad particular cuando sonaron los primeros acordes de la "misa criolla" de Ariel Ramírez, interpretada por el coro "Ensemble Vocal Instrumental de Châtillon", dirigido por Enzo Gieco.

 Las invocaciones fueron leídas por el director de teatro Oscar Arias, la escritora Silvia Baron Supervielle y el agregado cultural de la embajada argentina, Daniel Peppa, coordinador de la ceremonia.

Pero los momentos más emotivos de la celebración llegaron al final. Por ejemplo, cuando el embajador argentino, Jorge Faurie, leyó la tradicional Oración por la Patria. Habitual en nuestro país, casi desconocida por fieles y laicos argentinos en Francia, la oración arrancó sollozos en una asistencia que aún no ha tenido tiempo de olvidar tantos años de violencia y de división.

Una emoción profundizada por las exhortaciones de los responsables del culto judío y musulmán, invitados a compartir la ceremonia religiosa.

El imán de la mezquita de Drancy, Hassen Chalghoumi, elogió ese gesto ecuménico de las autoridades argentinas: "Es precisamente eso lo que necesitamos hoy en el mundo: ser capaces de vivir juntos", afirmó el actual presidente de la Conferencia de imanes de Francia, tras recordar los dramáticos atentados y agresiones islamistas que azotaron París el año pasado.

El rabino Yann Boissière leyó, por su parte, una adaptación personal del salmo 104, 1-2 de la Biblia, dirigida al pueblo argentino. (www.lanacion.com.ar)

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