viernes, 2 de marzo de 2012

CLAVES: NOTA DE OPINIÓN

Reflexiones de 3:15 horas de escuchar a Cristina

Foto: Cristina Fernández de Kirchner saluda desde el balcón del Congreso de la Nación, donde inauguró la Asamblea Legislativa 2012. Foto: Presidencia de la Nación/Télam (01/03/2012).

por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter: @santosjorgeh

 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). Impactado, azorado, preocupado, quedé después de estar 3 horas 15 minutos escuchando a la presidente Cristina Fernández viuda de Él, hoy jueves 01/03, en la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.


Debo reconocer que mis expectativas sobre este discurso no eran muchas, sabiendo que Cristina es una mujer de muy buena oratoria pero muy soberbia, con un gran poder de sobreactuación y que no reconoce culpas propias ni errores de gestión.

Pero, también, el tiempo que se vive en la realidad, no en el relato, ameritaba que albergase alguna esperanza de sinceramiento de que las condiciones de la economía no son las mismas que las que hubo durante los años de viento de cola;  el cual no dejaba mostrar los agujeros en las finanzas públicas producto que con más dinero se tapan muchos agujeros, hasta que la cadena se corta.

Tenía muy presente que la reciente tragedia de Once, donde 51 muertos y más de 700 heridos, suponían unas palabras contenedoras y medidas ejemplares de la responsable máxima de la administración del Estado.

Descartaba por anticipado cualquier tipo de consideración a problemas centrales de la ciudadanía como la inseguridad, la inflación, la corrupción -a pesar de lo trillada de la palabra, luego de la tragedia ferroviaria- ya que para el gobierno estos tópicos no existen.

Sentado frente al televisor me encontré con una presidente luciendo su luto habitual pero en una versión mezclada con brillos; dueña de gestos en su rostro que mutan entre miradas que denotan odio, venganza, risa sobradora hasta mirada cómplice sin olvidar el mentado llanto con el que se aproxima a las escenas más dramáticas cuando se refiere a Él.

El escenario del parlamento como de costumbre estaba montado como una cancha de fútbol esperando la salida de un equipo que en este caso es unipersonal; ya que todo pasa por Ella. Todos los goles son de su propiedad, como guardavalla es invencible y su DT falleció.

Las tribunas colmadas de barras de La Cámpora, con selectivas imágenes de la TV oficialista de, entre otros, Guillermo Moreno repartiendo alfajores con el envoltorio de “Clarín miente” o de un juez extranjero con problemas en su país y que aquí se le rinden pleitesías como si las relaciones con España importaran muy poco, servían de marco.

Amado Boudou tuvo a cargo la invitación a la presidente a que se dirija a la asamblea ahí reunida. El rockero vicepresidente sospechado de corrupción usó un término que Raúl Alfonsín abolió para nombrar a los primeros mandatarios en democracia, dijo “excelentísima”. La duda me asaltó ¿habrán cambiado la norma o estaremos en un pseudo democracia?

Más de dos de las tres horas largas que habló la presidente las dedicó una vez más a repetir un libreto con variaciones estéticas pero no de fondo para tratar de imponer una realidad inexistente, la cual consiste en convencernos que vivimos en el paraíso donde todo va bien, tan bien que le ganamos y por mucho hasta a Brasil como si no se supiera que el país de al lado se ha convertido en la quinta economía del mundo y que 80 millones de brasileros ascendieron de clase baja a clase media.

El tono de la presidente resulta irritante, me dije una vez más. Cristina habla enojada y se expresa en un tono donde se ufana de saber todo y entiende que eso le permite ser maestra de todos. Una sabelotodo. Con mucho mérito personal llegó donde llegó pero no por eso es más que nadie. Tiene derechos que el cargo le brinda pero enorme cantidad de obligaciones. No puede retar a nadie y la presidente lo hace. Eso no es democrático ni  ejemplo de una convivencia respetuosa y menos armoniosa.
Lo sensible de la tragedia vivida en el luctuoso caso del choque del tren fue obviado por la presidente desde el punto de vista humano y se refirió con números y echando culpas hasta a la propia Auditoría General de la Nación para desligar al Ejecutivo a su cargo de las innatas responsabilidades que tiene.

El absurdo llegó a tanto que casi habría que agradecerle a los Kirchner por haber mejorado el servicio y material rodante. El desprecio por la verdad y las víctimas llegó al extremo.

Mucho más tiempo le dedicó a tratar de destrozar por televisión y en cadena nacional apelando a argumentos muchos de ellos muy alejados de la verdad a su posible contrincante en las elecciones de 2015, Mauricio Macri.  Un hecho realmente penoso donde incluso la Presidente de todos llegó a querer enfrentar a los porteños con los cordobeses. Todo vale.

Luego los temas conocidos Malvinas, amenazas a YPF, reproches y castigos a los medios críticos y para el final la infaltable victimización.

¿Hacia dónde nos lleva? No es necesario ni siquiera que Cristina lo explique. Me quedó claro que vivimos en el país que mira al resto del mundo desde arriba, bien desde arriba.

Qué bajo hemos caído.  

¿Cómo no sentirme impactado, azorado, preocupado?

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