jueves, 12 de enero de 2012

INTERNACIONALES

RUIDOS EN EL MOTOR DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

China controla tímidamente la inflación… ¿aterrizaje forzoso o suave?

El Gigante Asiático sorprendió positivamente al mercado con la desaceleración de su Índice de Precios al Consumo (IPC), que aumentó al 4,1% interanual en diciembre, una décima menos que el pasado año. Esta mejora de la inflación, uno de los principales problemas de la segunda economía mundial, alimenta las esperanzas de que el país flexibilice su política monetaria, pero no descarta la aún posible recesión.


 CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El Gigante Asiático sorprendió positivamente al mercado con la desaceleración de su Índice de Precios al Consumo (IPC), que aumentó al 4,1% interanual en diciembre, una décima menos que el pasado año. Esta mejora de la inflación, uno de los principales problemas de la segunda economía mundial, alimenta las esperanzas de que el país flexibilice su política monetaria.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) de China, principal indicador de la inflación, subió un 4,1% en el mes de diciembre, una décima menos que en el mes anterior, informó hoy (12/01) el Buró Nacional de Estadísticas de la segunda economía mundial.

En el acumulado total del año, los precios aumentaron en China un 5,4% con respecto a 2010, cifra que supera en mucho el límite del 4% que se había fijado el Gobierno chino para 2011.

Pese a ello, la subida del IPC ha mostrado una notable desaceleración en la segunda mitad del año, tras alcanzar su máximo aumento interanual en julio, cuando los precios crecieron un 6,5% respecto al mismo mes de 2010, el porcentaje más alto de los últimos 42 meses.

De las cifras de diciembre, continuó destacando, como en meses anteriores, la subida de los precios de los alimentos, que ha sido la principal causa de la inflación en todo el año y en el último mes del año fue del 9,1%.

El buró de estadísticas también aportó el dato del Índice de Precios de Producción (IPP), indicador de la inflación en el sector mayorista, que en diciembre fue del 1,7%, un punto menos que en noviembre.

La lucha contra la subida de precios fue la principal prioridad de la política macroeconómica china el pasado año, en el que Beijing tomó medidas como la limitación de los créditos o frenos a la expansión del sector inmobiliario con ese objetivo, aunque se espera que en 2012 éstas se relajen paulatinamente.

2011 es el año que ha registrado la inflación más alta desde 2008 en China, cuando los precios subieron casi un 5,9%.

Estos datos dan lugar a la pregunta del millón (de yuanes):

¿Podrá China evitar una gran desaceleración de crecimiento en 2012? O lo que es decir ¿se viene la inminente recesión China?

Según publica CNN Expansión: inversionistas, economistas e incluso bancos centrales, todos están contando con que China continúe expandiéndose a un ritmo lo bastante robusto para asegurar que la economía global no se detenga.

Las acciones chinas han tenido un buen inicio luego de un horrible 2011. El índice compuesto de Shangai cayó en más de 20% el año pasado, mientras el Banco Central de China se ocupaba en elevar las tasas de interés y aumentar sus exigencias de reservas a fin de combatir la inflación y los temores de una burbuja inmobiliaria.

Pero este año el índice compuesto de Shangai ha ganado 4%, una subida en su mayor parte registrada en los últimos días. Y en lo que va de 2012, también ha repuntado el índice Hang Seng de la Bolsa de Hong Kong.

El lunes pasado (9/01), el presidente de la Reserva Federal de Atlanta, Dennis Lockhart, quien este año es miembro con capacidad de voto en las políticas de la Reserva Federal estadounidense (Fed), dijo a la prensa que confiaba en la capacidad de China para delinear una desaceleración ordenada, el denominado "aterrizaje suave".

Sin embargo, las últimas cifras relativas a la balanza comercial de China nos hacen dudar si el gigante asiático en verdad podrá encontrar la temperatura adecuada para su economía, a la manera de 'Ricitos de Oro' (ni muy caliente ni muy fría, más bien sopa templada); pues sorprendentemente, el superávit comercial de China se amplió en diciembre, debido en gran medida a una desaceleración en las importaciones superior a la esperada. Esa no es una buena señal. El crecimiento en las exportaciones también se ha desacelerado un poco, lo que tiene sentido, toda vez que el principal socio comercial de China, Europa, padece una crisis de deuda soberana.

Si la situación de Europa empeora antes de mejorar, ello podría suponer un revés para China. No obstante, algunos expertos indican que los inversionistas deberían tomar perspectiva y analizar el panorama general.

China probablemente no será capaz de reportar nuevamente un crecimiento anual del PIB de cerca de 9 a 10%, pero es improbable que registre un crecimiento cercano al 5%. "China está en una posición más robusta que casi cualquier otra economía mundial. Europa es un problema, pero yo no anticiparía una gran desaceleración. Todavía pienso que China liderará la recuperación global", señala Richard Driver, analista de divisas en la firma londinense Caxton FX.

Por otra parte, parece que China ha tomado conciencia del importante papel que juega dentro del esfuerzo coordinado por bancos de todo el mundo para evitar que Europa quiebre. El Gobierno de Beijing revirtió en noviembre una de sus medidas monetarias restrictivas, acordando rebajar sus exigencias de reservas para los bancos. Se trató del primer recorte convenido desde finales de 2008.

Esa disposición mitigará algunos temores respecto a una burbuja inmobiliaria. Ilan Goldfajn, principal economista de la firma de inversión brasileña Itau BBA, desestimó las preocupaciones de que el sector de la vivienda en China repitiera la crisis que sufrió ese mercado en USA hace unos años. En un reporte emitido el año pasado, Goldfajn escribió que, al parecer, todas esas medidas restrictivas que China aplicó en 2011 han comenzado a funcionar. Los precios y las ventas de las viviendas han disminuido, pero todavía no a un nivel alarmante.

"Las inversiones en bienes raíces están enfriándose, y hay señales de que el sector se desacelerará más, si bien el proceso está en gran parte inducido por el Gobierno. Si se diera el caso de una desaceleración aguda, y los precios cayeran más de lo deseado, el Gobierno puede dar marcha atrás", escribió.

Con el reciente reporte de la inflación y las presiones de los precios (tanto de alimentos como bienes inmuebles) remitiendo hay esperanzas de que el Banco Popular de China (el equivalente chino de la Fed) finalmente comience también a rebajar las tasas de interés.

Según estimaciones de la firma de investigación High Frequency Economics, se preveía que los precios al consumo en China hayan subido a una tasa anual de 3.6% en diciembre, frente al 4.2% registrado en noviembre. Si la inflación continúa moderada, son innegables buenas noticias para los consumidores chinos y para el mundo.

El Dr. Peter Lee, director del departamento de estrategia en mercados emergentes de la empresa neoyorquina Mirae Asset Global Investments, también anticipa que China no vivirá un escenario de aterrizaje forzoso. "Hay indicaciones de que la inflación en el país va en trayectoria descendente", apunta.

El principal problema con China es que los inversionistas tienen que reajustar sus expectativas. Pero pasar de una tasa de crecimiento del 10% a una del 7% no es una catástrofe. Es una previsión realista en momentos en que los principales mercados enfrentan serios desafíos. Piénsenlo: USA no está en buena forma, pero es el menos vapuleado entre un racimo lamentable que incluye a Japón y Europa. Mientras esas economías sigan languideciendo, China posiblemente hará todo lo que esté en sus manos por garantizar que ella no sucumbirá a la enfermedad que aqueja al mundo desarrollado.

"Los líderes políticos continuarán ratificando su apoyo para flexibilizar la política monetaria y promoverán medidas fiscales orientadas al crecimiento", sostiene Lee.

Ojalá sea cierto. La economía mundial puede soportar una leve desaceleración en China, pero no será capaz de aguantar una contracción severa.

Por su parte, Robert Samuelson, de The Washington Post, se pregunta:

“¿China también? ¿Podría el gigante económico del mundo, que ha crecido a un promedio del 10 por ciento anual durante 3 décadas, enfrentar una ralentización o lo que para China sería una recesión? ¿Tiene una “burbuja” de bienes raíces que está a punto de “reventar”? ¿Cuáles serían las consecuencias mundiales? El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, visita China y Japón esta semana. Estas preguntas forman un telón de fondo. Con la recesión de Europa y la perezosa economía norteamericana, una considerable ralentización de China sería una mala noticia.

China inspira ambivalencia. Sus políticas —especialmente su subvaluada tasa de cambio— son manipuladas para darle una ventaja en los mercados mundiales. Este hecho ha costado puestos de trabajo en USA, Europa y los países en desarrollo. Aún así, China es ahora una fuerza económica tan poderosa que una abrupta ralentización tendría consecuencias más allá de sus fronteras. El comercio sufriría. El proteccionismo de China podría intensificarse para contrarrestar la pérdida de puestos de trabajo. Si los excedentes de acero y otros productos fueran echados a los mercados mundiales, los precios y la producción en otras partes caerían.

Hay indicios de advertencia. El economista Nicholas Lardy, del Peterson Institute, cita tres. Primero, la recesión europea ha debilitado el comercio chino; Europa compra alrededor de un quinto de sus exportaciones. Segundo, la vivienda está mostrando indicios de una burbuja y se está deflactando. Finalmente, el gobierno chino tendrá más dificultades en crear un estímulo que durante las crisis financiera de 2008-2009. La deuda del gobierno se elevó de un 26% del producto bruto interno en 2007 a un 43 por ciento del PBI en 2010.

De qué manera todo esto afectará el crecimiento de China es debatible. “Lo más probable es que China tenga un aterrizaje suave”, expresa Justin Yifu Lin, jefe economista del Banco Mundial. “El crecimiento pasa a un 8 o 8.5 por ciento”. Eso es desde un 9 por ciento en 2011. La deuda gubernamental es aún suficientemente baja para permitir un amplio estímulo, piensa Lin. Muchos pronosticadores están de acuerdo.

Pero el escepticismo va creciendo. La firma japonesa de títulos, Nomura, ve una posibilidad en tres de un “aterrizaje difícil”, una caída del crecimiento a un 5 por ciento o menos. Para los norteamericanos, que están experimentando ahora un crecimiento anual del 2 por ciento, esa cifra podría parecer fabulosa. Pero para la economía de China, que se está modernizando, y para su enorme fuerza laboral, una tasa del 5 por ciento de crecimiento elevaría el desempleo y el descontento social. El cambio adverso del PBI sería más o menos equivalente a la caída de Estados Unidos en la recesión 2007-2009.

El sector de la vivienda podría decidir quién tiene razón. China ha invertido en la vivienda excesivamente, sostiene Lardy en un libro nuevo (“Sustaining China’s Economic Growth After the Global Financial Crisis”- Mantener el crecimiento económico de China después de la crisis financiera mundial). El principal motivo, dice Lardy, es que las políticas financieras impiden que los ahorristas obtengan un rendimiento adecuado de su dinero. Se considera que el mercado de valores está amañado. Las regulaciones del gobierno mantienen las tasas de interés de los depósitos bancarios —principal salida para los ahorros— bajas. Entre 2004 y 2010, esas tasas estuvieron por debajo de la inflación. Los ahorradores frustrados invierten en la vivienda, donde los precios no están regulados.

El resultado parece ser una clásica burbuja especulativa. La gente compra porque cree que los precios subirán; y los precios suben porque la gente compra. Un estudio de 2010 halló que el 18 por ciento de las familias de Beijing poseía dos o más propiedades; otro estudio de todas las ciudades halló que el 40 por ciento de las compras eran como inversión. Muchas unidades, informa Lardy, están vacías porque los alquileres en Beijing, Shangai y otras ciudades importantes son bajos.

Lamentablemente, los auges crean caídas. Los compradores finalmente reconocen que los crecientes precios reflejan una demanda artificial. Hay menos ventas. Los precios caen. La construcción cae. El proceso se alimenta a sí mismo. Con desequilibrios modestos, el resultado es una corrección. De lo contrario, se produce una gran caída.

¿Cuál de los dos fenómenos enfrentará China? El reventón de una burbuja de bienes raíces podría constituir un gran lastre. La construcción de viviendas excede el 10 por ciento del PBI. Esa cifra es históricamente alta. En un estudio similar de desarrollo económico, las inversiones en viviendas de Taiwán constituían el 4.3 por ciento del PBI. En el reciente auge de los bienes raíces en Estados Unidos, la vivienda alcanzó un pico del 6 por ciento del PBI. En China, la vivienda estimula gran parte de los gastos del consumidor (muebles, electrodomésticos) y da cuenta del 40 por ciento de la producción de acero, señala Lardy. Las ventas de tierras también son un gran fuente de ingresos para los gobiernos locales. Todos ellos sufrirían con una caída en el sector de la vivienda.

Hay factores atenuantes. Fuera de Beijing y de Shangai, no está claro que los precios de la vivienda estén “fuera de línea con el crecimiento de los ingresos familiares”, expresa el economista Eswar Prasad, de Cornell University. Los compradores chinos también normalmente realizan grandes pagos en efectivo para sus propiedades. Comparado con Estados Unidos, es menos probable que una caída en la vivienda se convierta en una crisis bancaria a medida que las hipotecas empeoren.

Pase lo que pase, el modelo económico de China está alcanzando sus límites, como sostiene Lardy. Ha confiado en las exportaciones, promovidas mediante la tasa de cambio controlada, y las inversiones, incluyendo la vivienda, subsidiada por crédito barato. Mientras tanto, los ahorradores chinos han sido castigados por rendimientos bajos de sus depósitos. Eso reduce sus ingresos y los gastos de consumo. El problema es que la ralentización global amenaza las exportaciones, y los excesos de la vivienda amenazan las inversiones. A menos que China pueda pasar a un consumo más enérgico, su economía se ralentizará, o logrará su crecimiento volviéndose aún más depredadora con los demás países”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario