viernes, 13 de abril de 2018

ESA ESTAFA COLOSAL LLAMADA BCRA

OPINIÓN / ROMPIENDO MITOS 



Por JAVIER GERARDO MILEI: Economista con licenciatura de la Universidad de Belgrano y master de Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y Universidad Torcuato di Tella.Miembro de B20 (International Chamber of Commerce, consejero de G20), y World Economic Forum. @JMilei / U24

El origen del Banco Central como institución no es más que una estafa “legal” derivada de la suspensión de la convertibilidad (contra aquellos que depositaron bienes tangibles a cambio de recibos que prometían un repago que fue repudiado) sumado a la imposición del curso forzoso. 


Si bien, a lo largo del tiempo, el mecanismo de conversión desapareció, pero la estafa de políticos (bajo el formato de dinero fiduciario) persiste y la manifestación de ello es la inflación. En este sentido, la historia del Banco Central de la República Argentina (un apéndice de la nefasta corporación política) es la prueba palmaria de la existencia de un estafador serial a escala colosal.

Previo a la creación del BCRA en 1935, el dinero crecía a una tasa anual promedio del 6,1%, mientras que la inflación era del 3,4%. Por otra parte, en los primeros diez años de operación, cuando era mixto, el dinero pasó a crecer a un ritmo promedio del 13,6% anual, mientras que la inflación trepó al 6,0%.

Luego de la estatización en el año 1946 se instauró el BCRA nacional y popular que nos prometía construir un puente de papel hasta el Paraíso. Así, desde la estatización del BCRA hasta 1991, la cantidad de dinero creció a un ritmo promedio del 176% anual, al tiempo que los precios lo hicieron al 225%.

Es más, en dicho período se registran momentos de alta y muy alta inflación, dos hiperinflaciones y la destrucción de cinco (en rigor seis) signos monetarios.

Por este motivo, a lo largo de los años, los agentes, para preservar su poder adquisitivo demandaron menos moneda local, y con ello amplificaron los efectos inflacionarios de la emisión monetaria.

Luego de semejante catástrofe, en abril de 1991 se implementó el Plan de Convertibilidad, el que, mediante una ley, establecía que el BCRA sólo podría emitir contra dólares a una paridad 1 a 1. Al mono salvaje se le había quitado la navaja y el resultado fue contundente.

La tasa de emisión promedio entre 1991 y 2001 se ubicó en el 16% anual, mientras que la inflación fue del 9% anual. Sin embargo, en 2002, bajo promesa de que “esta vez sería diferente”, el salvaje primate recuperó la navaja y su resultado no sorprendió.

Desde 2002 a 2016 la tasa de emisión de dinero promedio trepó al 28% anual y con ello la inflación ascendió al 21%. Sin embargo, dicho desastre no ha sido gratis. La diferencia en la tasa de crecimiento de la economía por pasar de una inflación superior al 20% anual a una menor al 5% es de 1,58% por año.

Esto es, los más de 80 años del BCRA (el cual imprimió dinero en línea a los delirios de una corporación política) nos privó de tener un PIB 3,5 veces mayor al presente.

En definitiva, la historia monetaria de Argentina no es más que la contracara del despilfarro fiscal, por lo cual, ello nos indica que el Banco Central de la República Argentina no es más que un mero mecanismo por el cual la corporación política utiliza para estafar a los individuos de bien creadores de riqueza y que la locura no es eliminar al BCRA, sino que la verdadera locura es tenerlo.

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