jueves, 2 de febrero de 2012

INTERES GENERAL


La ignorancia es lo que sostiene a la democracia y la prueba está en Irán

Un reciente estudio científico hace tambalear uno de los pilares teóricos de la democracia: la ignorancia sobre ciertos temas por parte de la ciudadanía en realidad mantiene en pie al régimen democrático. El estudio comprobaría entonces que una ciudadanía informada resulta peligrosa para el poder establecido, lo que se puede ver claramente en las intenciones de los gobiernos populistas en Latinoamérica al perseguir a una reducida oposición. Pero Latinoamérica no es el único lugar donde esto sucede: USA y su inminente ataque a Irán podrían representar un ejemplo tan claro como el de Cristina de Kirchner, Hugo Chávez y compañía. 

 
AGENCIA/CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - Uno de las creencias más extendidas en torno a la democracia, incluso entre personas con un conocimiento mediano o mínimo sobre el asunto, es que este sistema político funciona mucho mejor si quienes lo integran sin personas interesadas en su entorno social y conocedora de ciertos temas claves de su vida política inmediata.

Sin embargo, una investigación realizada por un investigador de Princeton podría echar por tierra esta idea. Iain Couzin asegura, por el contrario, que sin grandes multitudes de personas francamente ignorantes, la democracia simplemente colapsa.

Couzin es investigador posdoctoral en la Universidad de Princeton, adscrito al Departamento de Ecología y Biología Evolucionaria de dicha institución y sus intereses académicos se centran en los patrones biológicos de gran escala que resultan de las acciones e interacciones de los componente individuales de un sistema. Couzin estudia los patrones de auto-organización de sistemas biológicos de amplio alcance como ejércitos de hormigas, cardúmenes, parvadas, nubes de langostas y muchedumbres humanas.

En el caso del estudio en cuestión, Couzin y su equipo llegaron a la conclusión de que en la democracia, desde su punto de vista, sigue este mecanismo: al interior de una sociedad debe existir un número limitado pero suficiente de personas que sepan todo sobre ciertos temas y que, en consecuencia, actúen como líderes para el resto, mayoría esta que se desintegra cuando surgen numerosos puntos de vista que tiran hacia diferentes direcciones. De ahí que Couzin hable de una especie de “punto medio de la ignorancia”, un sector imprescindible de personas que impidan el derrumbe del sistema en una anarquía caótica de minorías o en la imposición de una de estas para todas las demás. La inclinación por lo popular —fundamentalmente nacida de la ignorancia o el desinterés— es así la base de una sana democracia.

Lo curioso es que estos resultados los obtuvo Couzin estudiando el comportamiento de los peces, específicamente el de las carpillas doradas (Notemigonus crysoleucas) que tienen un gusto natural por el color amarillo. Los investigadores tomaron un buen bonche de estos animales y los entrenaron para que la mayoría de ellos se volviera contra su instinto y nadara hacia un blanco azul, mientras que el resto conservó su preferencia por el amarillo (con un blanco de dicho color que podían seguir).

Cuando los científicos juntaron estos dos grupos, el menos numeroso de peces pro-amarillo fue capaz de dominar a los pro-azules, haciéndolos nadar hacia el blanco amarillo durante un 80% del tiempo que duró la prueba (esto, al parecer, porque el instinto natural los hizo mucho más fuertes para influir en sus compañeros). Sin embargo, cuando se agregaba un pez que no había recibido condicionamiento previo, entonces la preminencia de los pro-amarillo decaía y, al principio, los mayoría pro-azul  tomaba el control de la población. Couzin explica:

Agregar esos individuos cambió dramáticamente la toma de decisiones del grupo. Estos inhibieron a la minoría y apoyaron el comportamiento de la mayoría, lo cual permitió a su vez que la mayoría ganara presencia y que su perspectiva dominara. Pensamos, “Bueno, esto es interesante”, porque normalmente no piensas que agregar individuos desinformados a los procesos de toma de decisión tenga ese tipo de efecto democratizante.

Pero este fenómeno parece tener un límite: según Couzin si tienes 20 individuos desinformados y solamente uno o dos con opiniones contundentes, entonces hay mucho “ruido” y todo el proceso se paraliza.

Y si bien durante buena parte del siglo XX trasladar observaciones de la naturaleza al plano social —algo más o menos común un siglo antes— fue algo que desestimaron los científicos sociales de la época, quizá las conclusiones de Couzin podrían retomarse, aun con reservas, para preguntarnos por los fundamentos reales de la democracia más allá de los ideales teóricos que tantos repiten y que muchas veces, claramente, no funciona.

Teniendo en cuenta ese estudio, se puede observar cómo aplica en la realidad cotidiana. Y no se trata de gobiernos populistas latinoamericanos como los de Hugo Chávez o Cristina de Kirchner, sino de un país que se erige como el adalid de la democracia en el mundo: USA.

Mientras la Defensa estadounidense exhorta a la Casa Blanca  a prepararse para una guerra contra Irán, manifestantes informados de USA ya comienzan a manifestarse contra esas intenciones. Una ciudadanía informada, como puede apreciarse, termina siendo desestabilizadora para los planes de la clase gobernante, sea la sociedad que sea la que que está sometida a este proceso.

Así, el Consejo Municipal de Charlottesville, Virginia, de 43.500 habitantes ratificó una resolución que solicita a la administración de Barack Obama terminar con todos los conflictos bélicos y detener un posible enfrentamiento con Irán.

“La peor amenaza que enfrentamos es que terminemos secuestrados en otra guerra, ahora con Irán. Esto sería un desastre para el pueblo iraní, para la gente de Charlottesville y para el resto del país”, opina David Swanson, uno de los autores de la resolución y consejero de la ciudad. “La voluntad popular siempre ha estado en contra de las guerras, a menos que sean vendidas a la opinión pública por una propaganda manipuladora y por aquellos que llevan intentando atacar a Irán por años”, insiste.

A las voces que se oponen a lo que consideran como 'otra guerra sin sentido' se ha unido incluso la de John E. McLaughlin, ex jefe de la CIA: “La gente sigue diciendo que la opción militar está sobre la mesa, pero yo creo que es una muy mala opción. Uno de los grandes problemas con Irán es que si lo enfrentas abiertamente, en una confrontación militar, arriesgas un círculo de venganza y represalias al cual puede ser difícil encontrarle una salida”.

Sin  embargo, estas opiniones no parecen llegar a los oídos de los políticos estadounidenses. La administración de Barack Obama está desplazando tropas a las cercanías del país islámico. La Marina estadounidense ya dispone de varios portaaviones en el área. Tiene, además, unos 15.000 efectivos desplazados solo en Kuwait y planean elevar este número hasta 40.000. También hay información de que en la isla Diego García, en el océano Índico, han ubicado bombas destinadas a destruir búnkeres subterráneos.

En su base militar en Qatar, los estadounidenses desplazaron además seis bombarderos estratégicos B-1. Este mismo tipo de naves fue usado en los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1999. Cada uno de ellos es capaz de alojar 12 misiles aire-superficie, 24 misiles de crucero, 189 bombas de propósito general, 108 minas navales, 60 bombas de racimo y 48 bombas nucleares. En la instalación también hay un gran número de aviones de carga, de inteligencia y de combate.

Mientras tanto, los candidatos republicanos a la presidencia han dejado aún más claro que de llegar al poder no tardarán en declararle la guerra Irán.

"Si soy presidente apoyaré a la diplomacia estadounidense con una opción militar muy real y muy fiable", aseguró el favorito de las primarias y ex gobernador del estado de Massachusetts, Mitt Romney. Por su parte, el senador Rick Santorum confirmó que de llegar a la Casa Blanca estaría dispuesto a bombardear Irán: "Les diría a los iraníes: o comienzan a desmantelar estas instalaciones o las degradaremos mediante ataques aéreos", dijo. El candidato republicano Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, también está seguro: "podemos quebrar el régimen iraní dentro de un año”.

El único que se opone a esta tendencia general es el cuarto candidato republicano, Ron Paul. Según él, la misma retórica con las mismas promesas de una operación ‘relámpago’ se oía también en vísperas de la campaña de USA en Irak. “No hay prueba definitiva alguna, ni por parte de nuestra CIA, de que Teherán realmente esté desarrollando armas nucleares”, insiste.

Paul fue además uno de los 12 congresistas que votaron en contra de las sanciones contra Irán que había promovido la administración de Barack Obama. Según él, la medida en primer lugar agrava la crisis económica del propio país: “Si Rusia y China negocian con Teherán esto significa que nosotros debemos dejar de comercializar con ellos. ¿Pueden imaginar algo más caótico en nuestras circunstancias actuales que una guerra comercial con China?”.

Las numerosas encuestas que realizan hoy en día las organizaciones no gubernamentales coinciden en que alrededor de un 40% de los ciudadanos está firmemente en contra de emprender acciones militares contra la República islámica, mientras que entre un 55% y un 65% opinan que el método óptimo para resolver las tensiones internacionales provocadas por el programa nuclear iraní son las negociaciones diplomáticas. Ante la muerte de miles de soldados y la pérdida del dinero invertido, la mayoría prefiere que las autoridades se centren en los problemas internos y dejen al resto del mundo en paz.


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